Si la literatura tiene un gran valor educativo a cualquier edad, es aún mayor en la Educación Infantil, dado que además de un objeto de aprendizaje para el alumno, constituye un importante recurso educativo imprescindible para despertar la curiosidad de los pequeños y facilitar su proceso de aprendizaje.
Además, su interrelación con todos los ámbitos de la personalidad del niño (cognitivo, afectivo-social y moral) favorece el desarrollo pleno e integral del niño. Esto es, enseñarles a amar los libros les ayuda en su formación intelectual, social y emocional.
En palabras de RODARI “El primer conocimiento de la lengua escrita no ha encontrado ningún itinerario más rico, más lleno de color y más atractivo que el de un cuento”
Podemos pues, afirmar, que el cuento posee un ENORME VALOR EDUCATIVO por las siguientes razones:
Ayuda a establecer lazos de afecto entre el narrador y el niño.
Preparan para la vida, pues es una forma de presentar al niño una serie de experiencias vitales y de afrontarlas junto a los protagonistas (con los que se identifica), como la lucha por la propia identidad, o la superación de las dificultades, de una forma simple y comprensible para él, adecuada a su psicología y forma de pensamiento.
El niño realiza numerosos aprendizajes sobre sí mismo y sobre el mundo físico y social.
Contribuye al desarrollo del lenguaje y a la adquisición de vocabulario: poco a poco, conforme crecen, los niños comienzan a explorar el lenguaje. La lectura les ayuda a establecer asociaciones y entender los rudimentos del lenguaje. A medida que aprenden a leer, los niños no solo descubren nuevas palabras y enriquecen su vocabulario, sino que comienzan a comprender mejor el discurso.
Fomentan el desarrollo de actitudes, valores y normas, puesto que los cuentos transmiten formas y filosofías de vida. Constituyendo un recurso muy motivador para la educación en valores. Los niños que leen desde edades tempranas tienden a ser más empáticos, ya que aprenden a ponerse en el lugar de otros y a intentar saber qué les pasa y por qué.
Fomenta habilidades lectoescritoras como la comprensión lectora, imprescindible para un adecuado aprendizaje a lo largo de las distintas etapas educativas.
Facilitan la estructuración temporal, mediante la sucesión ordenada de hechos en el tiempo.
Ayudan al niño a estar atento y a mejorar su capacidad de concentración, imprescindible para conseguir un hábito de trabajo satisfactorio.
Y tal y como afirma Rodari, desarrollan su fantasía y su creatividad: los libros contienen “mundos” que permiten a los niños potenciar su capacidad de imaginación y creatividad. A través de estos recursos los pequeños pueden “transportarse” a otros lugares, recreando en su mente los personajes y escenarios que allí se exponen,
La mejor forma de inculcar amor por la lectura a los niños es leerles en voz alta desde pequeños. Poco a poco se animarán a explorar lo que encierran sus páginas, querrán aprender a leer para poder hacer lo mismo que los adultos y poco a poco se irán convirtiendo en lectores independientes.
A partir de 4-5 años, conviene que los niños comiencen a leer sus cuentos para que se vayan familiarizando con los elementos propios del lenguaje escrito como son: linealidad, direccionalidad, diferenciación entre dibujo y signo escrito, mantenimiento del libro, el paso de las hojas (una a una), incluso la identificación de algunas palabras muy significativas para ellos.
Ahora bien, ¿cómo incentivar la lectura en los niños?
Es interesante que se incentive desde familia y escuela, como en todos los ámbitos, trabajar a la par resulta necesario. Algunas de las pautas que las familias pueden trabajar desde casa son:
-Leer en familia: no importa si se trata de un recetario, un libro de cuentos infantiles, la lista de la compra, las señales de tráfico o el mapa para llegar a un lugar. Lo que realmente cuenta es que haya interés y que los peques aprendan a ver la lectura como algo necesario e importante. La mejor forma de motivar es educar con el ejemplo y dedicar momentos familiares a esta actividad.
-Da un buen ejemplo para que el niño, al imitarte, consiga desarrollar su propio hábito de lectura. Los niños, especialmente los más pequeños, aprenden por imitación y, si no ven leer a los adultos, es muy difícil que adquieran el hábito.
-Después de una lectura haz una pequeña sesión de preguntas que podemos plantearlas a modo de juego. ¿Qué hicieron los personajes?, ¿cómo lo lograron?, ¿qué hizo falta para llegar al final? De esta forma favoreceremos progresivamente la lectura comprensiva.
-Dialoga con los peques acerca de lo que han leído o escuchado: si tienen dudas respecto a algún término, anímales a saciar su curiosidad con aprendiendo a emplear el diccionario con nuestra ayuda.
-Trata de ofrecerle lecturas varias, acorde a su edad, asegurándonos de elegir textos con colores e ilustraciones atractivas. Los álbumes ilustrados por ejemplo despiertan una gran motivación en ellos.
-Visitar librerías y bibliotecas, y participar en actividades de animación a la lectura.
-Asociar la lectura con momentos positivos: regalar libros en cumpleaños, Navidades y otras ocasiones especiales predispone a asociar la lectura con momentos felices y en consecuencia se refuerza su uso.
-Muestra interés en escuchar las lecturas de los niños: la respuesta que das cuando los niños leen contigo producen un gran efecto en las percepciones que desarrollan. Es fundamental que les des palabras de aliento, retroalimentación y que hagas preguntas para verificar su comprensión de lo leído. Permíteles elegir cuentos que les interesen para que lo vean como una acción de esparcimiento y no como una tarea impuesta.
Ya que tal y como señala BORGES:
“El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta el modo imperativo”.